Versión móvil | Versión clásica

Portada

La procesión más extraña del mundo

30.07.2010, 8:34 Sara Vila

En Ribarteme, los vecinos se introducen en ataúdes para que santa Marta atienda sus peticiones, e incluso los bebés son ofrecidos a la patrona.

El termómetro superaba los treinta grados ayer al mediodía en Ribarteme, en el municipio pontevedrés de As Neves. María Elda Domínguez se agarraba con fuerza a la mano que le tendían sus familiares mientras salía de la iglesia dentro de un féretro. Ella fue una de las personas que se ofrecieron a santa Marta para que la ayudara en los problemas de salud de su familia.

«Fue un cúmulo de complicaciones en mi vida que me llevaron al extremo de hacer esto. No es una decisión que tengas que tomar, es algo a lo que te ves abocado». Ni agua con la que refrescarse, ni una prenda con la que protegerse del intenso sol de la una de la tarde. La ofrecida recorrió durante una hora los alrededores de la iglesia con una mano en el corazón y la otra en la zona de los pulmones. «Mi postura tenía un significado, la enfermedad de mi padre es cardiorrespiratoria y le afecta a esos órganos», cuenta María Elda. Su fervor contrastaba con el ambiente festivo que rodeaba la mística de los devotos de la santa.

Un ritual de 1700

María Elda no fue la única que cumplió su promesa. Dos ataúdes infantiles salieron también en procesión, aunque estaban vacíos. Los bebés ofrecidos iban en brazos de sus madres, que caminaban a la par de los féretros. En un ritual del que se tiene constancia desde el año 1700, se aproximaron a la experiencia de la muerte para que la santa intercediera por ellos. Detrás, los romeiros le cantaban para que atendiera sus súplicas.

Como ya sucedió en años anteriores, también hubo personas que recorrieron la procesión de rodillas o descalzas. Dos de estos participantes, una mujer y su hijo, tuvieron que ser atendidos por los miembros de los servicios sanitarios cuando terminó la procesión, ya que el intenso calor había hecho mella en ellos.

Portada