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Federico García Lorca, la grandeza de un poeta que representó como nadie la tragedia del ser humano

La Voz / Jose A. Ponte Far Redacción

Federico García Lorca nació hace hoy 115 años. Considerado uno de los más grandes poetas que España ha tenido en el siglo XX, consiguió representar como nadie la tragedia y la grandeza del ser humano. Abiertamente homosexual, Federico García Lorca, el «poeta mártir», ha pasado a la historia como un aclamado símbolo de resistencia después de morir fusilado durante la Guerra Civil española.
Nació Federico García Lorca el 5 de junio de 1898 en el pueblo de Fuente Vaqueros. Su vida fue breve, tan breve que realmente sólo se puede hablar de su infancia, adolescencia y juventud. No pudo disfrutar su madurez. No le dejaron. Aquella España era demasiado raquítica para la grandeza de este poeta andaluz. Mataron a Federico García Lorca en agosto de 1936. El crimen fue en Granada.
Federico García Lorca, hijo de un labrador acomodado, dueño de tierras y cortijos, y de una maestra de pueblo, heredó del primero la pasión, y de la segunda, la inteligencia y la sensibilidad. «Toda mi infancia es pueblo: Pastores, campo, cielo, soledad... ». Y es su madre quien le enseña a leer, música y canciones, y la tía Isabel a tocar la guitarra y a cantar coplas, canciones populares, viejas leyendas e historias... «He tenido una infancia muy larga, y de esa infancia tan prolongada me ha quedado esta alegría, mi optimismo inagotable. Esta risa de hoy es mi risa de ayer, mi risa de infancia y de campo, mi risa silvestre...»
El niño Federico García Lorca feliz, mientras se pierde por el campo, contempla el viento o escucha la noche, muestra ya un gusto y una sensibilidad especiales para la poesía y para el teatro. Con facilidad aprendía de memoria romances y canciones populares, versos dramáticos o alegres, que gustaba recitar o cantar para compañeros o en las veladas familiares. Tenía sólo siete años cuando Federico García Lorca construye su primer teatro de marionetas, ayudado por una niña amiga de la casa. En estos años se afianzan y fortalecen las raíces de su arte poético y escénico. Su adolescencia transcurre en Granada, entre un desatendido bachillerato y una tenaz y gustosa dedicación a la lectura (Valle-Inclán, Rubén Darío,Verlaine, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Azorín) y a la música: se atreve ya a interpretar al piano a Beethoven, Schubert, Chopin, Ravel... y traba Federico García Lorca amistad con Manuel de Falla.
La juventud madrileña de García Lorca
Federico García Lorca se traslada a Madrid en 1919. Está dispuesto a cursar dos carreras universitarias: Derecho y Filosofía y Letras. Termina, mal que bien, en 1923, la primera, que no llegará a ejercer; a pesar de su gran afición por la literatura, nunca terminará la segunda. Pero de Federico García Lorca interesa más el ambiente que él es capaz de crear siempre a su alrededor. Instalado en la Residencia de Estudiantes, su vida transcurre entre música, poesía, literatura y actividad creadora y cultural. En el ambiente serio y un tanto britanizado de la Residencia, Federico García Lorca era un estallido de libertad, inspiración y alegría. Alberti, Dalí y Buñuel fueron sus más fieles seguidores. Allí, y así, vivió Federico García Lorca nueve años, en los que hizo amigos, se relacionó con otros artistas y literatos, frecuentó tertulias y tabernas populares, como la de Eladio, en la calle de León, cuyo ambiente era predominantemente ultraísta. Vivir y ver vivir era lo principal para él. «Yo, antes que nada, soy vidista», solía decir Federico García Lorca.
En 1921, Federico García Lorca accede a las peticiones de su amigo Gabriel García Moroto, pintor e impresor, para reunir en un volumen parte de las poesías que lleva escritas. Se publica Libro de poemas, obra juvenil, pero que ya adelanta la indiscutible personalidad de su autor. El libro pasó casi desapercibido, menos para Juan Ramón Jiménez, que acababa de fundar una nueva revista de literatura, Índice, y se apresuró a invitarle a que colaborase en ella; así, a partir del número dos, y en los siguientes, aparecerán poemas de Federico García Lorca en la misma.
Federico García Lorca, maestro del teatro y la poesía
En 1925, Federico García Lorca da por terminada su obra de teatro Mariana Pineda, cuya primera lectura pública hace en Cadaqués, adonde ha ido a pasar unos días a casa de su amigo Salvador Dalí. La hermana de éste, Ana María, recuerda así la ocasión: «Al terminar, todos estábamos conmovidos. Mi padre gritaba excitado, diciendo que Federico García Lorca era el poeta más grande del siglo. Yo tenía los ojos llenos de lágrimas, y Salvador nos miraba curioso y enorgullecido, como diciendo: ¡Eh!, ¿qué os creíais?». La obra no se estrenaria hasta 1927.
El estreno de Mariana Pineda fue en junio, en el teatro Goya de Barcelona, interpretada por Margarita Xirgu, la mejor intérprete del teatro lorquiano, descubridora y animadora del talento de dramaturgo que poseía Federico García Lorca. El éxito fue total, algunas veces apoteósico. La crítica no dejó de destacar el excepcional tono lírico de algunas de sus escenas y la perfecta estructura del desarrollo de la acción, además del gran valor poemático de las canciones infantiles, y el romance de la muerte de Torrijos y el de los toros, incluidos en el drama. Fue una suerte bien distinta a la que tuviera en el estreno de su primera obra teatral, El maleficio de la mariposa, en 1920, que fue protestada por los espectadores. El éxito de Mariana Pineda continuó en las sucesivas representaciones, tanto en escenarios españoles, como europeos y americanos.
De 1927 es, también, la publicación de su libro Canciones, y del año siguiente, su esperadísimo Romancero gitano, algunos de cuyos poemas habían aparecido ya en revistas o recitados por el propio Federico García Lorca en algunos de los muchos recitales públicos que ofreció en su frenética actividad literaria. Otra vez el éxito fue inmediato, y la edición se agotó en unos meses; pocas veces un libro de poemas logra obtener, como obtuvo éste, un éxito popular y, al mismo tiempo la admiración de otros poetas y críticos más selectos. La gloria había comenzado a rendirse al genio poético de Federico García Lorca, el cual será, desde este momento, el poeta más conocido de entre todos los que configuran la tan brillante Generación del 27. Sensualidad, colorido, brillantez formal, realidad transfigurada por medio de imágenes y metáforas, en Romancero gitano quedó plasmada toda la grandeza poética del poeta granadino.
Quizá convenga aclarar que Federico García Lorca no es un poeta popular, en el sentido de que su poesía es fácil y asequible a todos. Tampoco es un poeta intelectualizado, ya que su concepto de la poesía está tan asimilado que ésta parece hasta fácil. Lo que sí es cierto es que Federico García Lorca es un poeta pleno, que no atiende a la superficialidad, sino a lo hondo del pueblo y de su propia alma. Su vida derrochaba entrega y simpatía, sin embargo su poesía cantaba y explicaba la pena, el sentido trágico del andaluz, expresado en su cante jondo, que es alegría y sollozo: «Empieza el llanto de la guitarra. Se rompen las copas de la madrugada. Empieza el llanto de la guitarra, es inútil callarla. Es imposible callarla». Es Federico García Lorca un poeta visionario, que va más allá de la realidad que nos refleja el espejo, para indagar en la «otra» realidad, la que el verdadero poeta debe inventar por medio de la imagen, la metáfora, la simbología, la alegoría y la utopía.
Madurez y plenitud de Federico García Lorca
En 1929, quizá para superar una crisis personal que estaba sufriendo, Federico García Lorca acepta la invitación de su antiguo maestro, Fernando de los Ríos, para viajar a Estados Unidos. Así fue como conoció Nueva York, que le inspirará el sorprendente libro de poemas titulado Poeta en Nueva York. Con un tono desgarrado, en la línea de la estética surrealista, Federico García Lorca denuncia la angustia y la soledad, el miedo y la esclavitud que hay detrás de la deslumbrante fachada de la ciudad de los rascacielos. Nos revela en Poeta en Nueva York el trasfondo trágico de una civilización mecanizada, deshumanizada y explotadora.
De vuelta en Madrid, y ayudado de nuevo por Fernando de los Ríos, ahora Ministro de Instrucción Pública, Federico García Lorca pone en marcha, en 1932, La Barraca, un grupo de teatro universitario, ambulante, cuya finalidad era divulgar las obras de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina y otros dramaturgos de análoga categoría. Así Federico García Lorca recorrerá Castilla, Andalucía, Valencia, Cataluña, Galicia... Una hermosa realidad que duró cuatro años. Con ocasión de un viaje a Coruña, invitado a dar unas conferencias, escribió sus célebres Seis poemas galegos, con la ayuda lingüística de Eduardo Blanco Amor y Ernesto Guerra da Cal, amigos personales del poeta.
Aunque la vida de Federico García Lorca haya sido corta, su producción es tan extensa que, necesariamente, no podemos atender a todas sus obras, tanto poéticas como dramáticas, por lo que nos limitamos ya a las que han obtenido éxito y reconocimiento mundial: Bodas de Sangre -estrenada en 1933-, Yerma (1934) y La casa de Bernarda Alba, escrita en 1936, pero que el poeta no llegó a ver representada. En abril la da a conocer en una lectura íntima en casa del doctor E. Oliver, con asistencia, entre otros, de Dámaso Alonso, Jorge Guillén y Guillermo de la Torre.
Con estas tres obras, Federico García Lorca logró reanudar el sentido auténtico de la tragedia. Salvando cualquier tipo de localismo geográfico, eleva la acción trágica y su tema ?sentido trágico de la maternidad? a un plano universal.
Comparado con Lope de Vega por la perfecta combinación de lo culto con lo popular, así como por saber estar por encima de la erudición y la retórica, considerado como un Esquilo moderno por su aportación a la tragedia, Federico García Lorca, con estas tres tragedias rurales, trasciende todas las fronteras nacionales y su obra acaba siendo admirada y estimada en todo el mundo.
Trágico final de Federico García Lorca
Dado que, como todo poeta, Federico García Lorca carecía del sentido de la realidad, se empeñó en ir a pasar el verano a su tierra granadina, como todos los años. Pero éste era un verano muy especial, el de 1936, el de la guerra civil y fratricida, que estalló a los pocos días de estar en su casa. Un mes más tarde lo mataron la envidia, el odio y la brutal insania. El gran Antonio Machado tuvo las palabras adecuadas para tan vil acto: «Se le vio, caminando entre fusiles, por una calle larga, salir al campo frío, aún con estrellas de la madrugada. Mataron a Federico cuando la luz asomaba. El pelotón de verdugos no osó mirarle la cara. Todos cerraron los ojos; rezaron: ¡ni Dios te salva! Muerto cayó Federico -sangre en la frente y plomo en las entrañas- ...Que fue en Granada el crimen sabed -¡pobre Granada!- en su Granada...

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